Si hay que hacer algún caso al Antiguo
Testamento y a los libros de historia, los judíos han sido uno de los pueblos
más vapuleados de la historia desde sus mismísimos orígenes. Por supuesto,
existe toda una corriente de opinión contraria a esta idea y defensora de la
tesis opuesta. Maria Luiza Tucci Carneiro, una profesora brasileña experta en
antisemitismo y con una montaña de publicaciones al respecto, lanza ahora con
Cátedra el libro Diez mitos sobre los judíos; una apasionada, argumentada y
deliciosamente ilustrada defensa historicista de esta etnia bajo los alegatos
de desinformación, racismo y conveniencia política.
La autora no duda en amplificar la
legitimidad de su propósito comparando a los protagonistas de su obra con otros
colectivos maltratados desde tiempo inmemorial, como cuando señala la
posibilidad de escribir obras similares en el futuro «sobre los negros, los
gitanos, los indígenas, etc.». Los diez mitos de los que habla el libro son los
siguientes: los judíos mataron a Cristo, son una entidad secreta, controlan la
economía mundial, no hay judíos pobres, son avaros, no tienen patria, son
racistas, son parásitos, controlan los medios y manipulan a los Estados Unidos.
«Estas marcas», apunta la autora, «colaboran en componer una imagen deformada
del pueblo judío en su totalidad, delineado a través de figuras antiestéticas,
diabólicas, aterradoras y antisociales». Como tales mitos, tienen un origen
antiguo y en ocasiones impreciso, pero que nadie se equivoque: «Un conjunto de
elementos simbólicos y míticos son accionados diariamente a través de los
medios de comunicación y de la tradición oral, manteniendo viva la mentira que,
cada vez más, gana proyección en los escenarios del mundo globalizado».
La autocrítica no es el fuerte de una
profesora que reconoce haber compuesto «un libro provocador», pero no porque
sea la plataforma de un debate profundo y desinhibido sino «porque reconstituye
grandes mentiras con las que convivimos diariamente, muchas veces sin saber
nada sobre sus orígenes y propósitos». Se trata, afirma ella, de un viaje de
exploración al imaginario colectivo y a la reflexión sobre una realidad marcada
por el racismo. Aquello que describe no son mitos religiosos ni folclóricos ni
fundadores ni de origen o distinción, sino «mitos políticos» con una fuerte
repercusión en las sociedades contemporáneas en las que persiste el odio hacia
los judíos. «El mito miente y logra mantenerse a través de la repetición y de
la constante reelaboración de su narrativa, siempre seductora, exagerada en sus
detalles», escribe Tucci. Se trata de una tremenda «violencia simbólica» que en
ocasiones ha desembocado en terribles fenómenos de violencia física.
A través de este estudio es posible darse
cuenta, añade, «de cómo las mentes pueden ser talladas por saberes orientados
por los centros productores de odio». Estos mitos que presiden el libro «son
saberes ricos en estigmas (marcas físicas y de carácter) que, bajo la forma de
mentira disfrazada de verdad, refuerzan la imagen antiestética y antisocial del
judío. Hasta 1950, por ejemplo, el judío era representado en caricaturas como
una figura de nariz aguileña, pies planos, barbudo, sucio y ridiculizado por su
acento extranjero, enquistado en el país que lo recibió».
La defensa argumentada por la autora se convierte
necesariamente en ataque en algunos pasajes de su ensayo, como cuando afirma
que «generalmente, los individuos mal informados, con algún desequilibrio
mental o desencantados con su posición socioeconómica se convierten en blancos
fáciles de los mitos racistas. Pasan rápidamente de la etapa de observación a
la etapa de fanatismo, y enseguida a la paranoia aguda, crónica. Interesados en
encontrar una respuesta a sus problemas personales o de grupo, se dejan
envolver por el miedo y por referencias del pasado. Se convierten fácilmente en
individuos receptivos a las teorías conspirativas y genocidas, perdiéndose en
las incertezas y en los recovecos de una sociedad en crisis».
Los que mataron al Señor
27/Sep/2016
El Correo de Andalucía, Por César Rufino